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Redacción Central

9 octubre, 2026

San Juan Pablo II, el papa peregrino que no tuvo miedo

Vida y legado de san Juan Pablo II: 104 viajes, 129 países, la Teología del Cuerpo, las Jornadas Mundiales de la Juventud y un papa canonizado en 2014.

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San Juan Pablo II, el papa peregrino que no tuvo miedo

El 16 de octubre de 1978, la Iglesia eligió como papa a un cardenal polaco llamado Karol Wojtyła. Era la primera vez en 455 años que un no italiano llegaba al solio de Pedro, y el primero procedente de un país situado tras el Telón de Acero. Tenía 58 años y una propuesta que resonó desde el primer instante: "¡No tengáis miedo! ¡Abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo!".

Esa frase resume los 26 años y 5 meses de un pontificado que marcó a varias generaciones. San Juan Pablo II ejerció su ministerio pastoral fuera de los palacios vaticanos: subió al avión, al papamóvil y a la camioneta para encontrarse con los fieles en sus propias tierras.

Un polaco en la silla de Pedro

Nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, un pueblo de Polonia. Perdió a su madre siendo niño y creció en una nación marcada por la guerra y el régimen comunista. Esa experiencia forjó su carácter: un hombre templado en la adversidad que asumió el Evangelio con radicalidad y valentía.

Karol Wojtyla, san Juan Pablo II, en los primeros años de su pontificado
Karol Wojtyla en los primeros años de su pontificado (fotografía de archivo en Wikimedia Commons).

Al ser elegido por los cardenales, la Iglesia requería dinamismo y cercanía. El nuevo pontífice emprendió esa renovación a través de un medio concreto: la presencia directa en los cinco continentes.

El papa que recorrió el mundo

Las cifras de su pontificado reflejan una dedicación extraordinaria. Realizó 104 viajes internacionales y 146 visitas pastorales dentro de Italia, recorriendo 129 países y 617 ciudades fuera de su sede [1]. Sumó más de un millón doscientos mil kilómetros, distancia equivalente a dar decenas de vueltas a la Tierra, y pronunció alrededor de 3.288 discursos.

Cada viaje dejó testimonios vivos. En enero de 1979, su primera salida internacional lo llevó a República Dominicana, México y Bahamas para inaugurar la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla. Allí se congregó una multitud de más de un millón y medio de personas a lo largo de las carreteras. De esa visita surgió también el primer "papamóvil", vehículo adaptado para facilitar el contacto visual con la gente.

Fue el primer papa en orar en una sinagoga, en Roma, en 1986, y el primero en entrar a una mezquita, en Damasco, en 2001. En 1983 visitó en prisión a Mehmet Ali Ağca, quien había atentado contra su vida dos años antes, y le concedió personalmente el perdón.

Lo que enseña. El ministerio pastoral cobra autenticidad en la cercanía con las personas. Juan Pablo II mostró que el Evangelio se comunica compartiendo el camino y la vida de los pueblos.

Un cuerpo que habla del amor de Dios

Su aportación teológica más profunda se encuentra en las audiencias generales de los miércoles entre 1979 y 1984, cuando desarrolló la Teología del Cuerpo: 129 catequesis dedicadas al amor humano [2].

Su reflexión parte de una visión antropológica fundamental: la persona humana es una unidad inseparable de alma y cuerpo. La corporeidad sexuada, varón y mujer, manifiesta la vocación originaria a la entrega mutua y al don sincero de uno mismo. A esta realidad la denominó el "significado esponsal del cuerpo", expresión de la capacidad humana de comprometer la existencia entera.

El cuerpo manifiesta la vocación profunda del ser humano: ser signo visible y don del amor.

Frente a tendencias que reducen la corporeidad a objeto de consumo o a mero fenómeno biológico, esta catequesis custodia la dignidad de la persona y acoge la materia como camino de comunión.

Jóvenes, santos y una Iglesia en salida

En 1987 se celebró en Buenos Aires la primera Jornada Mundial de la Juventud internacional fuera de Roma. Ese encuentro dio origen a las concentraciones juveniles periódicas más multitudinarias de la Iglesia católica, sostenidas por una certeza que el pontífice comunicaba con frecuencia: las nuevas generaciones anhelan verdades auténticas y rechazan las propuestas vacías.

Durante su pontificado cobró fuerza renovada la llamada universal a la santidad recordada por el Concilio Vaticano II. La vida cristiana se realiza en lo cotidiano: en el trabajo profesional, el hogar familiar, el estudio y la enfermedad. Su testimonio final guardó plena coherencia con esa doctrina: falleció el 2 de abril de 2005, anciano y debilitado, viviendo su fragilidad ante el mundo entero.

Un papa que evitó una guerra

Menos divulgada es su mediación diplomática. En diciembre de 1978, Argentina y Chile se encontraban al borde del enfrentamiento bélico por la soberanía de las islas del canal de Beagle. Juan Pablo II ofreció los buenos oficios de la Santa Sede y designó como mediador al cardenal Antonio Samoré. El proceso culminó en el Acta de Montevideo de 1979 y en el Tratado de Paz y Amistad de 1984.

La oración y la búsqueda de la concordia entre pueblos formaron parte indivisible del mismo ministerio apostólico.

De beato a santo

Tras su fallecimiento, los fieles congregados en la plaza de San Pedro aclamaron "¡Santo subito!". Benedicto XVI concedió la dispensa del período ordinario de cinco años para iniciar el proceso canónico. Fue beatificado el 1 de mayo de 2011 y canonizado el 27 de abril de 2014, junto a san Juan XXIII.

Qué nos deja hoy

El magisterio de san Juan Pablo II mantiene plena vigencia: la fe cristiana se despliega como servicio fraterno y presencia comprometida en la sociedad. Su ejemplo señala orientaciones luminosas para la vida diaria:

  • Vivir con valentía: perseverar en la esperanza ante entornos difíciles o indiferentes.
  • Salir al encuentro: acercar la Buena Noticia mediante el diálogo y la acogida cordial.
  • Custodiar la dignidad humana: reconocer en cada persona un valor infinito que exige respeto y amor desinteresado.

En nuestra comunidad de Cristo Rey, esta vocación se traduce en la vida ordinaria de nuestros grupos pastorales y familias: orar por las necesidades del prójimo y acompañar con misericordia. Quien desee profundizar en este camino puede leer cómo rezar es acompañar y consultar la guía para rezar el Rosario, devoción mariana especialmente viva en octubre, mes del Rosario.

Conocer más

  1. Viajes apostólicos
  2. Audiencias

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